| EUROPA: ¿CUÁL ES LA
ESTRATEGIA? (GEOPOLITICA DEL CONFLICTO DE YUGOSLAVIA) |
| Pedro Pons |
El actual conflicto balcánico nos invita a reflexionar sobre los problemas ligados a la evolución de los conceptos estratégicos que pueden condicionar con mayor fuerza el devenir político y militar del continente europeo en el curso de los próximos veinte o treinta años.
1- Sobre un plano general, los recientes golpes militares -sin un mandato explícito del Consejo de Seguridad de la ONU- de los aviones de la OTAN en Yugoslavia nos invitan a preguntarnos sobre la definición exacta del rol político-militar de esta organización. La OTAN fue creada en 1949 -tras la crisis del bloqueo de Berlín- con el único objetivo de proteger a los Estados capitalistas de la Europa occidental de una eventual agresión de las fuerzas armadas soviéticas. Desde esta óptica, en 1991, tras el fin de la "guerra fría" y la desintegración de la URSS y de su potencial ideológico-militar (es decir, después que los últimos objetivos de la Organización alcanzasen su cumplimiento efectivo), es un razonamiento normal y al mismo tiempo lógico que la OTAN se disolviese rápidamente.
Sin embargo, la OTAN está más presente que nunca (Polonia, la República Checa y Hungría, antiguos miembros del Pacto de Varsovia, acaban de recibir su "nihil obstat" para entran en la Organización, aumentando el número de sus miembros hasta 19), y el mismo hecho de que la OTAN exista hoy en día, reforzada, demuestra que el objetivo real y principal de la estrategia del Pentágono no es la protección de Europa, simple y burdo pretexto. El verdadero objetivo de la Alianza Atlántica es la perpetuación de la dependencia militar de Europa al formidable "Military Industrial Complex" (MIC) americano. Esta dependencia no representa sino el simbolismo militar de una dominación global, tanto política como cultural o económica mantenida desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Un simbolismo más que simbólico (si se nos permite la expresión), pues la presencia física de las bases militares americanas sobre el suelo europeo puede compararse, en la realidad, al mantenimiento de un vulgar ejército de ocupación sobre el territorio conquistado.
Los intereses geoestratégicos fundamentales de los Estados Unidos, poder talasocrático (1) por excelencia, no son los nuestros; nada más lejos. No solamente los europeos estamos prisioneros de un esquema estratégico global que no lo sentimos propio, sino que, además, la definición y los métodos de puesta en práctica del esquema se nos escapan. Concretamente, los soldados europeos que sirven bajo la bandera de la OTAN no son, en términos reales, sino mercenarios, o mejor, los cipayos, de una potencia extranjera que se contempla como potencia planetaria. Los modernos "colaboracionistas".
El aparato alucinante que muestran pasivos los obedientes gobiernos europeos no es sino la muestra de que cumplen a rajatabla las órdenes de Washington, la prueba de que Francia, Alemania, España o Italia son incapaces de definir una política coherente común diferente a la americana... Los famosos tratados de Maastricht y de Amsterdam preveían que la Unión Europea se dotase de un instrumento común de defensa. Este instrumento existe: la Unión Europea Occidental. Por ahora, la UEO no es sino una suerte de actor suplente de la OTAN, aun cuando tenga el mérito de existir en tanto que organización distinta. Si la OTAN debe disolverse un día, la suerte de los Estados europeos de la Organización no sería otra sino poner a disposición de la UEO las tropas europeas. Pero esto último debe concebirse como una alternativa creíble, pues, de hecho, en el presente, sería necesaria una profunda reforma de su modo de funcionamiento.
El porvenir de la política europea de seguridad y defensa común (la PESC, prevista por el tratado de Maastricht) depende sin duda de la voluntad política real de los mismos gobiernos europeos para asumir la carga tanto política como financiera de una defensa independiente de los Estados Unidos, y sobre todo de la audacia de darle forma. Esta voluntad no puede separarse de una reflexión global sobre la evolución del conjunto de las instituciones políticas de la Unión Europea, donde la Defensa constituye uno de sus aspectos reales. Desde la perspectiva de una unificación política de un espacio europeo en vías de dilatación, es una labor urgente el elaborar una doctrina europea específica de defensa, que asuma la integración completa de los MICs nacionales y la redefinición de las formas y de las misiones de los ejércitos del Continente (profesionalización completa del futuro ejército europeo, creación de guardias nacionales de reservistas, aumento y reorganización de los créditos militares bajo formas más dinámicas y operativas de proyección de tropas (2)...)
En este cuadro, incluimos también el empleo de armas no convencionales (armas NBC, es decir, nucleares, bacteriológicas y químicas; y misiles balísticos estratégicos) retenidas en cantidades no desdeñables por Francia y el Reino Unido, puesto que la dotación a gran escala de fuerzas armadas en posesión de armas tácticas modernas de destrucción (bomba de neutrones, misiles antimisiles, armas guiadas por láser...) deben constituir un eje de reflexión esencial en cuanto a su capacidad real de utilización sobre un futuro campo de batalla.
No obstante, las capacidades reales de potencia militar también se encuentran ligadas al rol cada vez más importante desempeñado por los mass-media (y por aquellos que los controlan...) en la canalización y el condicionamiento de la información (todos recordamos haber contemplado en directo la "revolución" rumana de 1989 y, sobre todo, la Guerra del Golfo de 1991), de tal modo que es observable una evolución de la noción de conflicto -y de su percepción en el seno de la opinión pública- en el seno de las sociedades económicamente avanzadas. En las sociedades individualistas y hedonistas la relación con la muerte ha devenido el tema tabú por excelencia. La muerte se ha convertido en un hecho vergonzoso que es necesario ocultar a toda prisa, o bien disimulada frente a las poblaciones fuertemente influenciadas por esos media que han divulgado hasta el absurdo un "culto a la juventud del cuerpo", artificial y lucrativo para ciertos sectores comprometidos empresarialmente.
Esta nueva relación con la muerte -fruto de un cierto retorno ideológico y cultural al cristianismo primitivo, hasta el judaísmo original vía protestantismo (3)- se traduce en la práctica por una sacralización total de la vida humana (de la propia vida humana). Los americanos -traumatizados por la experiencia vietnamita- ya no están dispuestos a actuar sino bajo la "estrategia de los cero muertos", estrategia difícilmente aplicable en un cuadro de intervenciones terrestres y/o de guerra de guerrillas tradicionalmente costosa en vidas humanas. Esta estrategia constituye una de las claves para comprender la voluntad permanente de los Estados Unidos de bombardear sistemática y desmesuradamente los países enemigos por vía aérea, sin preocupación de los "daños colaterales", es decir, de los daños irremediablemente infringidos a las víctimas civiles y culturales. Pero dicha estrategia encuentra su límite natural cuando el empleo de fuerzas terrestres es absolutamente necesario, como es el caso de los Balcanes, zona muy montañosa y con una larga tradición guerrillera (4), difícilmente reducibles por los solos bombardeos desde los B52...
En fin, nos queda el problema del control político del empleo de las fuerzas armadas. Los parlamentos europeos se han visto reducidos al rol de cámaras de registro "a posteriori" de las decisiones militares adoptadas por los Ejecutivos, en coordinación permanente con el Estado Mayor de la OTAN, asimismo sumiso a los imperativos estratégicos de la Casa Blanca. En otras palabras, los gobiernos europeos ni siquiera han consultado la opinión de sus pueblos en la declaración formal de un "casus belli", sin posibilidad real de debate democrático en el seno de sus Estados.
Sobe un plano geopolítico, teniendo en cuenta los problemas cruciales a los que se enfrenta, con fin de defender sus propios intereses y de asumir su Destino particular en total independencia, la Unión Europea debería discriminar claramente sus Amigos y sus Enemigos, por recuperar el análisis de Carl Schmitt. La Unión Europea debería tomar postura frente a dos cuestiones esenciales que actualmente continúan en suspense: sus fronteras Este y Sur.
2- Primeramente, el empuje polimorfo de un "Islam mediterráneo de combate", dinámico y revanchista.
Históricamente, después de la invasión de la España visigótica, en el 711, por las tropas del Beréber Tárik y justo hasta el desastre soviético de 1989, Europa y el mundo musulmán han bailado una especie de "ballet mediterráneo", constituido por flujos y reflujos políticos y militares recíprocos, variables en el curso de los siglos, en función de los ascensos en potencia o de las degeneraciones de uno u otro de los protagonistas, así como en función también de las alianzas tácticas. Por la parte europea una serie de fechas significativas ilustran este "ballet": 732, victoria de los francos de Carlos Martel en Poitiers; 1099, toma de Jerusalén por los cruzados; 1212, victoria de los españoles en Las Navas de Tolosa; 1492, toma de Granada y fin de la Reconquista; 1571, victoria de la flota cristiana en Lepanto; 1912, primera Guerra Balcánica y victoria de los serbios, griegos, búlgaros y rumanos sobre los turcos... Fechas igualmente significativas desde el bando musulmán: 711, victoria sobre el ejército godo y conquista de España; 1389, victoria turca en el campo de los Mirlos (actual Kosovo y cuna del pueblo serbio); 1453, toma de Constantinopla por los turcos; 1946-1962, guerras coloniales en la Indonesia holandesa y en Argelia (1962, victoria política del FLN argelino y éxodo de un millón de europeos hacia Francia); 1989, victoria de los mujahidin afganos sobre el ejército rojo...
Hoy en día, el "ballet mediterráneo" se traduce en una renovación espiritual e ideológica del mundo musulmán frente a una Europa materialista y decadente. La nueva "Reconquista musulmana" se nutre de una dinámica política y militar plural, a la par que coherente.
Una "Teoría de los tres frentes" es fácilmente explicable:
El primer frente habría que situarlo en las líneas de contacto entre Rusia, potencia eurasiática, y Turquía, potencia musulmana expansionista, enemiga histórica del mundo eslavo y ortodoxo. Turquía posee el segundo ejército de la OTAN, tanto por su volumen (760.000 hombres aguerridos tras más de veinte años de combates en las montañas del Kurdistán) como por la calidad de sus equipos, casi en su totalidad de origen norteamericano. Estamos hablando de una Turquía nacionalista, arabofóbica y aliada de la entidad sionista (5), que controla los Estrechos del Bósforo y los Dardanelos, que tiene en su mano bloquear los navíos en ruta del Mar Negro al Mediterráneo y viceversa (y estamos pensando, ante todo, en los navíos rusos y ucranianos)
Cerca de 60 millones de personas viven en el seno de las repúblicas turcófonas de la ex "Asia Central Soviética" (Uzbekistán, Kazakhstán, Turkmenistán y Kirghizistán) (6), y la descolonización de las repúblicas periféricas de la ex-URSS impide todo avance ruso hacia los mares cálidos (7). Es más, situada en la orilla izquierda del Mar Caspio, la república caucasiana de Azerbaidján, rica en hidrocarburos y materialmente atravesada por oleoductos vitales para el abastecimiento ruso, es turcófona, aunque de mayoría chiíta. La unión física entre Turquía y el Azerbaidján, por una parte, y del resto de las cuatro repúblicas del Asia Central, por la otra -idea que los turcos han bautizado ellos mismos como "panturanismo"- no puede llevarse a la práctica de otro modo que no sea a través de Chechenia-Inguchia, que se encuentran bajo soberanía rusa, aunque sus poblaciones son musulmanas. Así se nos hace fácilmente comprensible el juego real de la segregación chechena... Al margen de los temores reales de Rusia ante el alto número de musulmanes que habitan en sus franjas meridionales, y donde algunos, como los famosos tártaros de Crimea, son permeables a la ideología secesionista.
El segundo frente está abierto en pleno corazón de Europa: las poblaciones musulmanas de raíz europea constituidas o no en Estados independientes: albaneses (en la misma Albania, en el Kosovo en el Montenegro yugoslavos y en Macedonia), bosnios y las minorías turcas de Bulgaria y de Grecia. Estas poblaciones aparecen históricamente con la conquista turca de los Balcanes y la islamización de los nobles eslavos, y Turquía (8) -ya sea la Turquía otomana, la kemalista o la atlantista- siempre se ha erigido como su defensora natural.
La creación de repúblicas musulmanas sostenidas por el aliado turco es uno de los puntales de la política americana para impedir la unificación política de Europa. Los acuerdos de Dayton de 1995 y de Rambouillet de 1999 colocan a Bosnia-Herzegovina y a Kosovo bajo la protección de la OTAN, reconociendo "de facto", sus caracteres políticos y culturales particulares (9). El sueño panturco se transforma así en una aspiración panislámica nostálgica de un "arco musulmán" del Adriático al Mar Negro, con posibilidad de conectar con el panturanismo del Asia Central. La Turquía propiamente dicha se encontraría en el centro geográfico de un Imperio Otomano restaurado bajo la protección de los Estados Unidos. Es evidente que el ejemplo kosovar y el apoyo turco a los albaneses de Macedonia y a las minorías turcas de Grecia y Bulgaria (Estados de mayoría ortodoxa, como la propia Macedonia) corre el riesgo de desestabilizar totalmente la región y provocar una guerra abierta entre Grecia y Turquía, aun cuando los dos Estados sean miembros de la OTAN, guerra que estuvo a punto de estallar en 1996, a propósito de la delimitación de las zonas territoriales en el Mar Egeo y del problema no resuelto de la presencia militar turca en el norte de la isla de Chipre desde 1974.
El último frente es interior: los 15 millones de residentes de la Unión Europea de confesión musulmana, producto de la emigración postcolonial provocada por los intereses de los negreros capitalistas (10) en detrimento de las naciones del llamado Tercer Mundo, así como de los mismos inmigrantes, marginados socialmente y discriminados en países donde las estructuras sociales y los esquemas mentales son radicalmente diferentes de los suyos de origen. Las naciones europeas se encuentran ante una problemática social real donde los inmigrantes, y sobre todo sus descendientes, constituyen una parte no desdeñable de la disolución de las solidaridades tradicionales. Estas poblaciones alógenas de extracción extraeuropea constituyen un "lumpenproletariat" no asimilable, muy permeable a la cultura del más bajo denominador común, la "cultura mundial" de origen americano (reducida a la simplicidad de la ropa deportiva de marca con la gorra, la música rap, McDonald´s y Coca Cola), cultura que es constantemente martilleada por los media (11). Por lo demás, el fenómeno de las "bandas étnicas" violentas (incluidos los ritos de iniciación sexual), verdadera regresión cultural hacia las hordas primordiales, y que en realidad no es sino una imitación de las prácticas de las bandas juveniles de negros y mexicanos en las grandes ciudades de los Estados Unidos. Paralelamente, la única alternativa cultural, y sobre todo la más apropiada, a esta regresión sería el retorno de estos jóvenes ociosos al Islam. No adoptan un Islam tradicional de los países de origen de los padres, sino un Islam mitificado, un "Islam de catacumba", hostil a las sociedades donde se les acoge. Un Islam predicado en los barrios periféricos por los imanes itinerantes, con frecuencia turcos o argelinos, o peor aún, por europeos de reciente conversión. Todos los "Beurs" (12) franceses parten para el jihad en Afganistán, en Argelia o en Bosnia, han seguido este camino o marchan para los campos de entrenamiento paramilitares. Los destructores que hacen estragos en las algaradas raciales en los barrios periféricos de Francia o Inglaterra son sistemáticamente encuadrados por los predicadores islamistas. El tercer frente es virtual por el momento, pero el riesgo es tremendo en caso de precipitarse las tensiones sociales, como así lo demuestra Alexandre del Valle (13).
En fin, paradójicamente, esta nueva "Reconquista musulmana" puede funcionar de revelación para los europeos, porque el riesgo no es solamente el arrastrar con un sistema demoliberal carcomido, sino que puede ser igualmente el "clic" que ponga en marcha el Destino común de un Continente hacia su identidad racial y cultural particular, forjada en más de cinco milenios de historia, tras las primeras migraciones de los indoeuropeos hasta el éxito del cohete Ariane, pasando por su unificación política... A menudo, en la historia, las grandes aglomeraciones suelen constituirse en un primer tiempo cara a un enemigo común. Europa se encuentra al borde del abismo, pensaba Nietzsche. Su unidad política probablemente...
3- Seguidamente, el rol futuro de Rusia es una incertidumbre, aunque pueden ser trazadas unas líneas generales.
Como su medio ambiente ecológico, la economía de la Federación Rusa no es sino un campo en ruinas hipercontaminado, donde una clase burguesa de nuevos ricos, de mafiosos, herederos de la antigua "Nomenklatura" soviética reconvertidos en hombres de negocios, controlan al resto de la economía; cara a una masa popular empobrecida, arruinada por los planes de restructuración impuestos por el FMI y vivamente sostenidas por los capitalistas extranjeros y cosmopolitas. Restructuraciones de pesadilla, sinónimas de crecimiento económico negativo, de paro laboral masivo para los unos y de deudas estatales para los afortunados y de retorno a una economía primitiva de trueque.
Sin embargo, pocos sectores claves del MIC, así como las fuerzas íntegras ligadas a los servicios secretos -civiles y militares- se escapan en el momento del naufragio global.
Estos sectores clave constituyen sin duda aún la verdadera columna vertebral del Estado ruso y de su poder potencial. Son los opositores al caos sociopolítico reinante, nacido del fracaso económico y social completo del Presidente Yeltsin y de sus consejeros "demócratas", es decir, del ultraliberalismo y del antinacionalismo. Un Yeltsin alcoholizado y enfermo, incapacitado físicamente de tomar decisiones cruciales que reclaman reflexión y lucidez, e incapacitado por la inestabilidad y versatilidad de una Duma mayoritariamente compuesta por comunistas y nacionalistas, violentamente opuesta a las "reformas" que malvenden el patrimonio cultural y económico del país a los despabilados y los "pícaros", a los financieros apátridas carentes de escrúpulos. Esta versatilidad parlamentaria, que se traduce perfectamente en el despido por Yeltsin del Primer Ministro liberal Chernomirdin y la nominación del comunista moderado Primakov, lo que no es, de hecho, sino la retranscripción de la versatilidad política de los ciudadanos rusos que no creen más -o que jamás han creído- en la utilidad real de las elecciones-mascaradas.
En este clima del desorden institucional permanente y corrupción generalizada, la aparición de políticos carismáticos y espontáneos demagogos parece inevitable. La figura emblemática del ex-general Lebed, héroe de la Guerra de Afganistán y actual gobernador implacable de la provincia siberiana de Krasnoyarsk, es el arquetipo: un "salvador" (14) de tipo bonapartista que trasciende las rivalidades políticas y reúne en torno suyo y de un programa patriótico de salud pública un conjunto de energías variadas y aparentemente opuestas, desde los oficiales superiores que contemplan en la impotencia la decadencia material y humana del ejército ex rojo, hasta los mineros siberianos actualmente en huelga permanente. Esta pérdida global de valores, tras el hundimiento de las "estructuras estructurantes" de la época soviética se debe a una interrogación existencial sobre la identidad racial y cultural de un país que incluso en el día de hoy no es una simple Nación, sino un Imperio, con fronteras móviles. La dificultad de definir claramente la identidad, el alma puramente rusa (15), y conciliarla con la vocación imperial, plurinacional y autoritaria del Estado que ha sido la constante rusa -tanto en la época de los zares como en el período soviético-, es el problema nacional ruso. El espectacular renacimiento religioso ortodoxo, tras 70 años de ateísmo estatal oficial, no es , ni mucho menos, la consecuencia del desarraigo social de la población, deseosa de entregarse a un nuevo "opio del pueblo" de tipo marxista (16). Corresponde a una forma y deseo de renacimiento espiritual y político. El ruso de hoy se convierte a una Iglesia ortodoxa de fe nacional -autocéfala- y mesiánica, vértice de las milenarias creencias rusas de ser la "Tercera Roma".
De estas interrogaciones esenciales, y de los campos de fuerzas estructurales que los atraviesan, se deducen tres ejes de acción fundamentales en el dominio geopolítico.
Las restantes catorce repúblicas de la ex URSS constituyen para Moscú un "pariente extraño", en el sentido de que en ellas viven 23 millones de rusos, consecuencia de la colonización y de las deportaciones punitivas (11 millones solamente en Ucrania). Once de estas repúblicas (todas, salvo las tres bálticas, que se consideran a sí mismas como futuros miembros de la Unión Europea) constituyen junto a Rusia una Comunidad de Estados Independientes (CEI), ligadas por la interdependencia económica e intereses defensivos. La desestabilización (económica, política o militar) de este "pariente extraño" constituye para Rusia una amenaza física real, si consideramos que en el seno de la misma Federación conviven fuertes minorías étnicas y religiosas... considerando además la complementariedad económica (producto de la política soviética de "división socialista del trabajo" entre repúblicas) de una CEI potencialmente capacitada para ser autárquica en lo económico.
A continuación, una "obligación" casi romántica de "solidaridad eslava" con los demás pueblos eslavos, ortodoxos o no ortodoxos. Como "potencia continental", Moscú siempre se consideró el protector natural de sus hermanos serbios, búlgaros, polacos, checos, eslovacos o macedonios contra los hegemonismos -sucesivos o concomitantes- germánico, otomano o anglosajón. Esta noción es ampliable a las relaciones culturales y políticas con los pueblos griego y rumano, no eslavos, pero de confesión ortodoxa, así como hacia los árabes ortodoxos del Oriente Próximo, designando una "esfera de interés" particular y exclusiva.
En fin, la noción de "Eurasia" constituye en sí una síntesis imperial, un tratado de unión política entre dos mundos, simbolizada por el águila bicéfala de la antigua monarquía zarista. Abierta hacia dos horizontes, Rusia puede considerarse en verdad como el "Heartland" (17) mundial, atento tanto a la evolución de la situación en China como al futuro del subcontinente indio (18), o ante un "Beautiful Islam", conservador y proamericano (Pakistán, Afganistán, Golfo Pérsico).
Uno de los mayores problemas de la Rusia actual reside en el hecho de ver que sus intereses estratégicos no pueden ser asumidos financieramente, con un Moscú sometido a una vergonzosa dependencia política hacia el Occidente capitalista. Con tal falta de capitales, el desarrollo macroeconómico fundamental es nulo (19), y las estructuras económicas, al igual que las militares, necesitan con urgencia de una nueva adaptación. La capacidad industrial rusa no ha cesado de disminuir desde 1991, convirtiendo a Rusia en un "pobre nuclear". Pero no por ello deja de ser un poder nuclear con un importantísimo "stock" de armas no convencionales NBC; al margen que es se importancia capital el ser conscientes que el control real de las armas es por el momento elástico.
Todos los elementos de un cambio político mayor están, de hecho, reunidos en la actualidad, y la fuerza de los opositores a la política suicida de Yeltsin reside en la "unión de los contrarios", por parafrasear a Nietzsche. Esta unión, verdadera síntesis ideológica entre los descendientes del bando blanco y rojo, es la de los nacional-bolcheviques rusos, bien organizados, pero a quienes les falta por ahora una estructura política única bajo la dirección de un jefe decidido, carismático e indiscutible, un jefe que no es descartable pueda encontrarse entre la estructura militar...
En un futuro cercano, Rusia, hermana oriental, no puede sino aliarse a una Europa de nuevo dueña de su Destino. No será de otra forma, pues los enemigos reales -el hegemonismo americano y el imperialismo turco-musulmán- son los mismos...
NOTAS:
1) El célebre jurista alemán Carl Schmitt definía y oponía los conceptos de "poder talasocrático" y de "poder continental" en su obra, fundamental, "Tierra y Mar". De. del IEP de Madrid. Coll. Civitas. 1952.
2) Por ejemplo, sobre el modelo francés de la FAR, la Fuerza de Acción Rápida, que posee capacidad operativa para enviar 45.000 hombres -entre otros paracaidistas y legionarios- de forma inmediata sobre no importa qué teatro de operaciones exteriores.
3) En el mismo orden de ideas, el maniqueísmo enfermizo, de origen presbiteriano, entronca con la visión americana de sí mismos a la búsqueda permanente de un Enemigo diabólico, encarnación del Mal Absoluto, que debe necesariamente ser destruido por el Bien común. Un Bien común que América encarna evidentemente en tanto que sociedad histórica perfecta y acabada, en tanto que realización concreta de la Jerusalén terrestre. Esta moralización de la política, que se apoya en la ideología de los "Derechos Humanos", en la práctica constituye una negación de la soberanía histórica de los Estados y uno de los elementos esenciales de desestabilización política.
4) Durante la última guerra mundial, los alemanes se vieron materialmente incapacitados para controlar el terreno dominado por las guerrillas de Tito y de los chetnik, bien organizadas en las montañas de Yugoslavia.
5) La visión tradicional musulmana de la comunidad política distingue entre el "Dar al Islam", naciones musulmanas y "Dar al Kufr", naciones no musulmanas (en un sentido amplio, tierra de conquista). Para ver el rol que representa la Turquía moderna es interesante consultar la excelente obra de Alexandre del Valle: "L´islamisme et les Etats-Unis, une alliance contre l´Europa". De. L´Age d´Homme". Lausanne, Suiza, 1998.
6) La quinta república del "Asia Central" es Tadjikistán, cuya población es de origen iraní, pero de confesión sunnita. Es de notar que de los 16,5 millones de habitantes que componen el Kazakhstán, 46% son de origen europeo (rusos, ucranianos, alemanes y bálticos). Mayoritarios en el norte del país, constituyen una verdadera "cuarta república eslava")
7) Tras la independencia de las repúblicas bálticas, Rusia no posee mas fachada marítima que la imprescindible para el uso de su formidable marina de guerra, marina que suele abarrotar físicamente el estratégico puerto de Kaliningrado (la antigua Königsberg de Kant). La política de los zares y de los camaradas del Politburó siempre estuvo marcada por una obsesión naval. La Guerra de Afganistán -la última guerra colonial perdida por los europeos- puede interpretarse como la voluntad soviética de aproximarse a las costas del Océano Índico, cuyos puertos son utilizables los 365 días del año.
8) Con 63 millones de habitantes, Turquía tiene 3 millones de personas de origen bosnio y 2 millones más de origen albanés. Estos turcos, como sus hermanos balcánicos, aunque de origen europeo, no poseen, por su conversión al Islam, las características fundamentales de la "raza del espíritu" europea. Sobre la noción de "raza del espíritu", ver Julius Evola, "Eléments pour une éducation raciale" Ed. Pardés, París 1984.
9) Que el Presidente bosnio Alija Izetbegovic estuviese, por ejemplo, detenido durante la época comunista por "actividades islamistas", es un hecho que no detiene la estrategia de los Estados Unidos.
10) Esta población se encuentra en progresión demográfica constante, a causa de una fuerte natalidad y una corriente migratoria continua; a pesar de las legislaciones represivas, el "diferencial demográfico" desempeña un beneficio para los musulmanes en los otros dos frentes.
11) Pero quizás no convendría generalizar, pues otros jóvenes de la misma generación, jóvenes europeos, siguen la misma vía regresiva.
12) "Beurs": los hijos de los inmigrantes magrebíes, que son franceses por nacimiento.
13) Op.cit.
14) Sobre el mito del "salvador", véase Raoul Girardet, "Mythes et mythologies politiques". De. Seuil, París, 1981
15) Desde un punto de vista puramente étnico, los rusos no constituyen sino el 84% de los 152 millones de habitantes de la Federación. De hecho, la misma palabra "ruso" es profundamente ambigua, procedente de los reyes varegos (vikingos suecos) que, en el siglo X, fundaron el estado "ruso" de Kiev, capital de la actual Ucrania... El propio nombre étnico de los ucranianos es "pequeños rusos". Respecto a los bielorrusos, su nombre significa "rusos blancos", que es tanto como decir "rusos occidentales". Sobre la problemática rusa y su carácter como pueblo teóforo, cfr. Alexander Dugin: "Rusia, el misterio de Eurasia", De. Grupo Libro 88, Madrid 1992.
16) Al contrario, la multiplicación de las sectas, importadas del extranjero con la política yeltsiniana de "liberalización", debe considerarse desde el prisma de una espiritualidad de pacotilla, un deseo de identificación con Occidente que era el sueño clandestino del período comunista. Pero una identificación con los más bajos sustratos de un Occidente demoliberal, él mismo de pacotilla...
17) "Heartland": el corazón de la tierra, el corazón del mundo. Es un concepto geopolítico muy utilizado.
18) Durante la "crisis de los misiles" entre la India y Pakistán en mayo de 1998, donde ambas naciones demostraron al mundo su capacidad nuclear, Rusia no dejo de estar más vigilante que nunca ante el advenimiento real de dos poderes en gestación y sobre sus voluntades reales de alianzas.
19) Más aún cuando el país está sometido a una corrupción desenfrenada, agravando un círculo vicioso del que es muy difícil escapar con el sistema que ha adoptado la política de Yeltsin.
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