| Acta del IV Encuentro Iberoamericano de Metapolítica realizado virtualmente en Cuzco (Perú) en septiembre de 1998 |
| Alberto Buela |
Damos a conocer el Acta del IV Encuentro Iberoamericano de Metapolítica realizado
virtualmente en Cuzco (Perú) en septiembre de 1998.Remarcamos virtualmente porque debido a las presiones ejercidas por los servicios de inteligencia colaterales de la CIA, como son los grupos antícastristas de Florida nucleados en la Liga Latinoamericana de apoyo a la Democracia y al montaje de una "operación de prensa " en Lima (canal 2 de TV propiedad de los hermanos Samuel y Mendel Winter y diario Expreso de Uri Ben Schmuel et alia) en donde se demonizaba el Encuentro y a sus concurrentes, decidimos "desensillar hasta que aclare" para evitar males innecesarios y realizarlo en forma virtual. Esto es, los participantes no se encontraron físicamente pero las ideas sí. Producto de ello es esta Acta del Cuzco redactada por los principales asistentes sudamericanos de Argentina, Chile, Bolivia y Uruguay.
Si la policía del pensamiento funciona tan bien en la vieja Europa, cómo no iba a funcionar aquí, en el patio trasero de la potencia mundial talasocrática llena de alcahuetes y cipayos de toda laya. Los centros mundiales de poder se reservan para ellos la "producción de sentido " y así pueden tolerar revistas y partidos políticos aislados, lo que no toleran es la construcción de un entramado político-cultural que logre producir un sentido distinto sobre las cosas y los acontecimientos, contrario a lo políticamente correcto que es el otorgado por ellos.
Alberto Buela
ACTA DEL CUZCO
En la ciudad de Cuzco, cabeza del antiguo Incaico y sede propuesta, en tiempo de la primera gesta por la Independencia, como la capital de una América unida. Hombres y mujeres provenientes de diversos países de América así como fraternos delegados de otros lugares del mundo, convocados para analizar los efectos del modelo neoliberal en el desarrollo y destino de los pueblos y naciones americanas, considerando la actual crisis mundial de la economía mercantilista, han acordado la siguiente declaración.
Ratificar y valorizar las actas producidas en los encuentros anteriores, tanto el Acta de Buenos Aires (1995) en el que se propuso la consolidación de un gran espacio sudamericano como eficaz remedio al proyecto de globalización neoliberal como el Acta de Viña del Mar (1996) donde tuvo lugar la propuesta de rescatar la diversidad política y cultural frente a la hegemonía ideológica encubierta que intentan imponer las fuerzas y potencias económicas y, finalmente, lo acordado en el Acta de Pilcomayo (1997), en el sentido de promover la unidad regional y la cooperación académica y cultural con el objeto, entre otros, de elaborar un texto común de historia iberoamericana.
Mostrar a los agentes políticos y sociales de nuestra América que otros modelos son posibles en sustitución del neoliberal actual, de imposición planetaria. Ante la homogeneización cultural impuesta como pensamiento único por las potencias hegemónicas, afirmar que existen múltiples y variadas culturas que hacen que este mundo sea un pluriverso y no un simple universo. Esto es de notoria relevancia en el caso de Indoiberoamérica.
Nuestra América es una cultura con múltiples matices, en busca de su política propia. Su inestabilidad proviene de la contradicción entre su naturaleza y estilo y la imposición formal y externa de formas teóricas. Desde los tiempos de la independencia, hemos fracasado en darnos formas propias, no de mera importación. Ante el evidente fracaso de democracias inocuas, ineficientes ante la gran tarea continental, ante el partidocratismo atomizador e internacionalizante, proponemos una cuidadosa transformación de las formas institucionales imitativas, para fundar una verdadera democracia de participación y creatividad popular y regional, acorde con las diversas tradiciones, idiosincrasias, culturas y calidades de vida. Urge la creación de formas institucionales que correspondan a nuestra cultura. Es la gran asignatura pendiente de nuestra América y hoy, en la crisis del nuevo imperialismo economista y financista, comprobamos que nuestras formas seudodemocráticas no son más que cómplices de la dominación externa y la disolución subcultural.
En nuestro Continente, que evoluciona hacia un nuevo ciclo histórico, las divergencias partidarias no pueden afectar ciertas convergencias fundamentales referidas a nuestra definición cultural, nuestra soberanía y la estrategia aplicable ante la invasión deletérea del nihilismo. Necesitamos una "unipluralidad" en tomo a la gran política y una pluralidad actuante y responsable en lo que hace a política administrativa.
Debemos consolidar objetivos insoslayables: educar para una visión poético-religiosa de la vida; consolidar una economía nacional-regional que garantice nuevas formas sustentables de producción y consumo; crear formas políticas para una verdadera democracia de pueblos afirmando su voluntad y dándose su sentido y dirección según, sus valores, su calidad y estilo de vida propios.
Ante la agresividad externa, con su acción subculturizadora de dominación económica sin precedente, nuestra América deberá concretar una estrategia continental que alcance al suficiente punto de disuasión militar, que garantice nuestra presencia en los grandes espacios continentales y marítimos, especialmente el Atlántico, el Pacífico sur, la Antártida. Espacios que deberemos preservar con la colaboración de Europa y de Africa; entendiendo que el Océano Atlántico es el gran mare nostrum donde se sintetizan nuestras principales formas culturales y el nexo fundamental con nuestras raíces europeas.
Superar los preconceptos y las formas políticas seudodemocráticas, creando para América una democracia de pasión y convocatoria permanente de nuestros pueblos, llevando la política a su dimensión fundacional y renancentista, como arma para la gran tarea de definir nuestro propio camino.
Desde la capital de la América profunda proclamamos nuestra voluntad de retomar la tradición de los Libertadores y unificadores, San Martín y Bolívar. Nos inspiramos en las grandes figuras, que con diversas ideologías, actuaron movidos por el dolor y la pasión de fundar nuestra América: Víctor Raúl Haya de la Torre, Juan Domingo Perón, Getulio Vargas, José Carlos Mariátegui, Hipólito Yrigoyen, Augusto César Sandino, Pedro Albizu Campos, Gualberto Villaroel, Carlos Ibáñez del Campo, Luis Alberto de Herrera, Eliécer Gaitán, Jacobo Arbenz, Ernesto Guevara de la Serna, Omar Torrijos, José Martí, Manuel Ugarte, Francisco García Calderón, Carlos Montenegro. Nombramos unos pocos. Todos fueron ejemplares por su pasión americana, con las diferencias de época y de circunstancia, desde el poder o desde la reflexión. Todos hicieron propio el mandato de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar: "O inventamos, o erramos!"
El próximo siglo será de las culturas y de las naciones continentes. Nuestra América, como la llamaba Martí, está en condiciones de jugar un papel fundamental en el mundo del mañana a condición de consolidar su coordinación política, cultural y económica. A condición de revitalizar sus valores ocultos y fundar un lenguaje político nuevo y fundacional.
Valoramos y apoyamos a todos aquellos que en el ámbito de sus respectivos megaespacios de integración cultural, política y económica, luchan por la defensa de su identidad regional y sus raíces. Por ello debemos dar total apoyo al desarrollo y consolidación del Mercosur, hito de crucial importancia en el proceso histórico de la integración iberoamericana, planteando la necesidad de profundizar la dimensión política y cultural del mismo. Mercosur, entendido como la base económica para la imprescindible estrategia nacional-continentalista del gran espacio cultural indoiberoamericano. Al tiempo, a las puertas del tercer milenio, y a cien años de la guerra hispano-norteamericana, reclamamos enérgicamente que cesen en Nuestra América todas las situaciones de colonialismo e imperialismo encubiertas por la dominación tecnológica y financiera tal el caso de las islas Malvinas. Además, destacamos que Nuestra América está en posibilidades de aportar al mundo concepciones renovadoras, capaces de impedir el ecologicidio o el exterminio de la humanidad por la irracional exploración de la naturaleza que continúan impulsando los grandes poderes mundiales. Nuestra política debe responder al desafío esencial de la condición humana: controlar y poner a su servicio esa economía y esa técnica descontroladas, que hoy la ponen en el umbral de su propia extinción.
Debemos advertir que la gigantesca tarea bolivariana aún pendiente, sólo podrá llevarse a cabo mediante el desarrollo de la interculturalidad (que no es lo mismo que la uniformidad cultural que pretende imponer el neoliberalismo vigente), de la unidad en la diversidad y del respeto a lo diverso.
Cuzco (Iberoamérica), septiembre de 1998
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