FRAGMENTOS DEL LIBRO DE CONDUCCIÓN POLÍTICA
GENERAL PERÓN

En el año 1951 durante el primer gobierno del General Perón, se inauguran las escuelas de conducción político sindical, en las que se dictaban los cursos de conducción política, que tenían al mismo Perón como exponente, de las clases dictadas, en aquel entonces se edita el libro "Conducción política, este es una de las piezas medulares de la doctrina peronista hecha texto.

De aquellas escuelas posteriormente salieron muchos de los grandes cuadros y militantes del peronismo, aquí se transcriben un pequeño fragmento del mismo libro

Fragmentos de su libro Conducción Política.

Solo los grandes principios son eternos....

Las doctrinas no son eternas sino en sus grandes principios, pero es necesario ir adaptándolas a los tiempos, al progreso y a las necesidades. Y ello influye en la propia doctrina, porque una verdad que hoy nos parece incontrovertible, quizá dentro de pocos años resulte una cosa totalmente fuera de lugar, fuera de tiempo y fuera de circunstancias. Una doctrina hoy excelente puede resultar un anacronismo dentro de pocos años, a fuerza de no evolucionar y de no adaptarse a las nuevas necesidades. Por eso hemos puesto, como primera tarea para la Escuela, el desarrollarla, terminarla y después mantenerla al día, para adaptarla a la evolución.

No debiera nacer el hombre que no tenga una causa para servir en su vida.

Yo siempre digo que así como no nace el hombre que escape a su destino, no debiera nacer el que no tenga una causa para servir en su vida. Porque es la única manera de justificar su paso por la vida. Hay hombres que son normales y han resultado grandes y verdaderos héroes de la humanidad, porque han sido hombres que sirvieron a una causa. En cambio, hay hombres de un talento extraordinario que pasaron la vida escribiendo novelitas...

El conductor perfecto

Por lo tanto, la conducción debe estar en manos de hombres de un perfecto equilibrio. Napoleón lo definía como un perfecto cuadrado: los valores morales son la base; los intelectuales, la altura. Es necesario que un conductor tenga tanto de unos como de otros. Si logra ese equilibrio, es el hombre de la conducción; pero cuando se le van los valores morales sobre los valores intelectuales, lo llevan a realizar cosas inconsultas, y cuando estos últimos lo sacan de las virtudes, ya no deja "macana" por hacer.

Diferencias entre gobernar y conducir

Algunos creen que gobernar o conducir es hacer siempre lo que uno quiere. Grave error. En el gobierno, para que uno pueda hacer el cincuenta por ciento de lo que quiere, ha de permitir que los demás hagan el otro cincuenta por ciento de lo que ellos quieren. Hay que tener la habilidad para que el cincuenta por ciento que le toque a uno sea lo fundamental.

Ubicuidad en la Conducción

Vamos a tratar de las características de la conducción moderna. Una de las primeras cosas que la conducción, como la historia, necesita tener un encuadramiento perfecto de tiempo y lugar. La conducción ha evolucionado con la evolución del hombre, con la evolución de las ciencias y con la evolución de las artes. Cada nuevo descubrimiento altera y modifica la conducción. Por esa razón, para poder comprender la conducción, es necesario ubicarse en las condiciones de tiempo y lugar. De tiempo, por la evolución; de lugar, por las características de esa misma conducción en el ambiente propio.

Hay también en eso un don de ubicuidad de la conducción sin el cual uno fracasa irremisiblemente.

Las Leyes de Licurgo

Licurgo – a quien mi señora cita hoy en su conferencia- estableció en una de sus más sabias leyes- entre las tantas leyes sabias que él hizo para Esparta- , que para mí es la más maravillosa de todas, lo siguiente: "Hay un solo delito infamante para el ciudadano: que en la lucha en que se deciden los destinos de Esparta él no esté en ninguno de los dos bandos o esté en los dos".

El ciudadano debe ennoblecer el cargo

Debe actuar en él desempeñándose de la mejor manera posible, porque si los cargos elevan o encumbran al ciudadano el ciudadano tiene la obligación de ennoblecer el cargo.

El ejemplo de Epaminondas

Cuenta la historia que cuando el famoso Epaminondas, por haber perdido una de sus batallas, fue degradado del ejército y encargado de la limpieza de la ciudad de Tebas, nunca esta ciudad estuvo tan limpia. El hombre debe esperar el momento en que le toque actuar. Lo que debe importarle es actuar bien donde lo pongan y que actúe con todas las fuerzas de su alma para mejorar la conducción del conjunto.

A grandes éxitos grandes riesgos

Y esa es otra condición de la conducción. El que quiere conducir con gran éxito tiene que exponerse; el que quiere solamente éxitos mediocres es suficiente con que no se exponga nunca, y si no quiere fracasar ni cometer ningún error lo mejor es que nunca haga nada.

El éxito se construye

En la teoría que Napoleón esbozo en varias oportunidades, dijo: "el éxito no depende de la suerte, tampoco de la casualidad y no es un designio del destino. El éxito- dijo Napoleón- se construye; el éxito se realiza". Es decir, que el éxito se concibe, se prepara, se organiza, se realiza y se explota, porque el éxito de los hombres está en los hombres mismos, está en su propia acción.

El deber de vencer

Debe crearse lo que yo llamo el deber de vencer, que va acompañado con la abnegación del individuo. El deber vencer es indispensable en la conducción. Aquel conductor que no sienta el deber de vencer difícilmente va a vencer en alguna acción. Si no vence, debe saber soportar virilmente los golpes del destino.


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